La rivalidad entre marcas alemanas e italianas siempre ha sido intensa. Pero, ¿qué sucede cuando un BMW M3 modificado con 1,000 caballos de fuerza se enfrenta a un Ferrari SF90, una supermáquina híbrida de 986 caballos? Un reciente enfrentamiento en pista ha puesto a prueba esta teoría.
Un BMW M3 con alma de superdeportivo
El BMW M3 Touring, en su versión estándar, cuenta con un motor de seis cilindros en línea que entrega 510 caballos de fuerza. Sin embargo, una modificación radical realizada por G-Tech Motor-Works ha transformado este vehículo en una bestia de 1.000 caballos. Con una inversión de aproximadamente 150,000 libras esterlinas, se ha logrado una potencia impresionante sin comprometer la fiabilidad.

El Ferrari SF90: tecnología híbrida al máximo nivel
Por otro lado, el Ferrari SF90 Stradale es una joya tecnológica. Equipado con un motor V8 biturbo y tres motores eléctricos, ofrece una potencia combinada de 986 caballos. Su aceleración de 0 a 62 mph en 2.5 segundos y su velocidad máxima de 211 mph lo colocan en la cima del rendimiento automovilístico.
En la pista, ambos vehículos demostraron su potencial. El primer intento terminó en empate técnico, con ambos coches cruzando la meta en 9.6 segundos. Sin embargo, en carreras posteriores, el BMW M3 mostró una sorprendente fiabilidad y consistencia, mientras que el Ferrari SF90 sufrió algunos contratiempos.

Conclusión: más que una cuestión de caballos
Este enfrentamiento demuestra que la potencia no lo es todo. La ingeniería, la fiabilidad y la preparación adecuada juegan un papel crucial. Aunque el Ferrari SF90 es una máquina impresionante, el BMW M3 modificado ha demostrado que con la preparación adecuada, incluso un coche familiar puede desafiar a los superdeportivos más exclusivos.
En resumen, sí, un BMW M3 de 1.000 caballos puede vencer a un Ferrari SF90, pero no solo por su potencia, sino por la combinación de ingeniería, preparación y fiabilidad.
Fuente: CarWow